¿Por qué volvemos al colegio?

Mundo · Ángel Satué
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7 octubre 2020
¿Por qué vuelven nuestros hijos? ¿Sólo porque tocaba? ¿Sólo porque lo dicen los políticos, que no se ponen de acuerdo en nada? Después de medio año (¡medio año!) sin las prisas por llegar a tiempo antes de que toque el timbre de entrada, sin poder aparcar en doble fila en Clara del Rey o Corazón de María, sin escuchar el bullicio de los recreos, sin ver correr a los chicos y chicas “del Claret”, o verles cansados y agotados al final de la semana, o con ganas de comerse el mundo (los bachilleres) o simplemente su merienda (los de infantil y primaria), volvemos.

¿Por qué vuelven nuestros hijos? ¿Sólo porque tocaba? ¿Sólo porque lo dicen los políticos, que no se ponen de acuerdo en nada? Después de medio año (¡medio año!) sin las prisas por llegar a tiempo antes de que toque el timbre de entrada, sin poder aparcar en doble fila en Clara del Rey o Corazón de María, sin escuchar el bullicio de los recreos, sin ver correr a los chicos y chicas “del Claret”, o verles cansados y agotados al final de la semana, o con ganas de comerse el mundo (los bachilleres) o simplemente su merienda (los de infantil y primaria), volvemos.

Pero nunca nos fuimos. Hemos visto que el colegio estuvo ahí durante todo el confinamiento y que, en la “vuelta al cole”, hasta ha salido en la tele de lo bien que se ha tratado de hacer. La intención es todo, es la actitud, como dice el bueno de Víctor Kuppers. Y todos nosotros hemos seguido estando.

Ha habido momentos de comedias alocadas de Billy Wilder, o de verdaderos dramas. A mí, el regusto que se me queda, de cara a los niños más pequeños, es la película de “La Vida es Bella”, y su actor Roberto Benigni con su visión de la realidad, diferente precisamente porque la ve muy bien. Si hemos perdido a alguien cercano, seguramente es otro diferente. Pero de cara a los niños, “show must go on”.

Como padres hemos visto en los peores y más duros meses (¡meses!) del confinamiento el TRABAJO de los profesores. ¿De dónde viene su vocación? ¿De un reino de las musas? No lo creo. Viene de muy dentro de ellos, del trabajo que hacen dentro de su trabajo para acercarse al Destino, a través de la educación (Mario Mauro).

A pocos de nosotros nos han visto tantos ojos trabajando, en acción, en nuestro día a día. Tal vez un público menguado de un juzgado. Acaso un cliente. Pero no tantos ojos, inquisidores en ocasiones. Daba igual. Qué sorpresa cuando hemos visto que, vosotros, los profesores de nuestros hijos, es decir, nuestros profesores, no solo dais lecciones de Lengua o Science, o Arts, es que, además, sabéis responder preguntas imposibles de comprender, o tan sencillas que un adulto ya no puede responder sin un frenazo en seco, sin preguntarse qué es esto de la educación. Y sí, con una paciencia infinita, con el tono adecuado para cada situación, ¡y para cada niño! Esto sí es una clase magistral adaptada a cada alumno.

Los profesores os habéis metido en nuestras casas (nosotros en las vuestras también)… pero ya os las conocíais de sobra. Antes del Zoom, el Teams, el Skype… vuestra mirada sobre nuestros hijos nos alcanzaba también a nosotros. Es un superpoder, una visión aumentada.

A mí no deja de sorprenderme la manera de acercaros a cada niño, y cada clase y asignatura. Porque cada niño es único. Desde antes de nacer, todo un proyecto de vida, de persona, de futuro. Cinceláis invisiblemente, gota a gota, una vida, un futuro, el progreso. No es fácil. No ha sido fácil. No será fácil. Pero ya lo sabíais.

Al veros, recuerdo a mis profesores. La comparación es inevitable. Pero comparar no es juzgar. Para mí, es un viaje al pasado, y cuando seáis el recuerdo en la memoria de nuestros hijos, tendrán un bonito lugar al que volver cuando cierren los ojos, o cuando estén “de cubatas” (que lo estarán) con sus amigos.

Vosotros, profesores, maestros en todo caso, nos habéis enseñado que tenéis un vínculo con nuestros hijos, que al menos yo no veía tan fuerte, aunque se podía intuir en los buenos días, las buenas tardes, las miradas cómplices, las sonrisas…

En casa, con vuestras voces de fondo saliendo de algún lugar, de la cocina, de un armario (ha habido de todo), del salón o de las habitaciones, a veces del ordenador de nuestros trabajos o de los móviles, nos habéis demostrado que esto de la educación, al final, va a ser verdad, que va de formar personas (me sale decir “personas humanas”…) y no solo de transmitir conocimientos, que también.

En esto de la educación va a ser verdad también que es cosa de todos (por más que me cueste consultar el Educamos una y otra vez), cosa de los padres, de los hijos, de vosotros, de la comunidad educativa… de la sociedad. Tiene que ver con hacer algo juntos, mirarnos juntos, hacer comunidad. Lo cual, aunque se sea cristiano, a veces no es tan evidente.

Qué fascinante cuando descubrimos que el colegio no son solo los edificios, los campos, el patio, las asignaturas, sino que el colegio somos todos y acogemos este designio de Aquel que hace todas las cosas, que construye nuestra vida, que nos hace madurar, nos hace ser nosotros mismos, hace que nuestra vida esté unida, despierta nuestro deseo, nos hace estar presentes en el presente (Luigi Giussani). No hay que darlo por supuesto.

¿Por qué volvemos al colegio? Porque merece la pena. ¿Por qué la merece? Porque como dijo el humorista Ignacio Salas “esto es un recreo fantástico y vivir es lo que importa”.

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