Pidamos juntos perdón

Mundo · José Luis Restán
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19 noviembre 2012
El cardenal Kurt Koch es un suizoque tiene poco de relojero y mucho de alpinista. Entiéndaseme, desconozco susaficiones deportivas pero me llama la atención cómo le gusta subir a lasalturas, escalar los picos de los problemas por más que eso suponga unaesforzada marcha. Koch ha heredado el dicasterio regido durante años por sucolega Walter Kasper, lo cual no es encargo menor. Porque el asunto de launidad de los cristianos es una espina que está prohibido arrancar de la carne dela Iglesia, una espina que duele y escuece, que invita a la purificación, untrabajo que parece no terminar nunca y para el que resultan bastante inútileslas programaciones de plazos. Pero además porque el peso y la influencia deKasper han sido muy grandes, y la llegada del suizo sí marca un cambio deacento. 

Quizás sea porque Koch ha probadola cruz de forma muy patente durante sus años de obispo en Basilea, quizásporque su formación teológica a la sombra del maestro Von Balthasar no tienemucho que envidiar, lo cierto es que se desenvuelve con una solturaencantadora, aparentemente poco centroeuropea, franca y libre, sin eludir elencontronazo si necesario fuese. Fue impresionante seguir su diálogo a tumbaabierta con los evangélicos alemanes, al hilo de la presencia del Papa enErfurt. Otro hubiera intentado en semejante ocasión ser ante todo cortés yeludir cuestiones incómodas, pero debió pensar que no le habían llamado paraeso, y que la única forma de que avance la unidad consiste en poder decirnos laverdad en la caridad.

La cita es en 2017, el quinientosaniversario de la Reforma de Martín Lutero. Pero la olla de los preparativos yaestá cociendo, y la pregunta es ¿cuál será la forma en que la Iglesia Católicase hará presente? Se prepara un nuevo documento conjunto tras el hito históricode la DeclaraciónComún sobre la Doctrina de la Justificación que vio la luz en1999, en la que jugó un papel decisivo el entonces Prefecto de la Fe, JosephRatzinger. El título será "del conflicto a la comunión" y según ha comentado elPresidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos muestra elcambio de perspectiva para el camino de futuro. Quedan abiertas las cuestionesligadas a la sacramentalidad de la Iglesia y al ministerio apostólico, y éstees un terreno lleno de zarzas que quizás nos hieren y dividen más que laspropias diferencias en torno a la Justificación, que pudieron ser muy matizadasprofundizando cada uno en su propia comprensión y demoliendo las caricaturasmutuas. En todo caso el trabajo continúa. 

Pero también serán muyimportantes los gestos. Koch acaba de explicar que una forma hermosa ysignificativa sería una celebración penitencial común. Alguno debe haberexclamado "¡cáspita!, en lugar de luces y alegría, penitencia"… eso sí, porambas partes. Pero el argumento del cardenal suizo me parece no sólo correctosino muy sugestivo: "sería una celebración penitencial común en la cualreconozcamos juntos nuestras culpas… Martín Lutero introdujo aspectos muypositivos, él buscaba apasionadamente a Dios, estaba totalmente dedicado aCristo y no quería una división sino una renovación de toda la Iglesia; elhecho de que la reforma no haya alcanzado su finalidad, esto es, la renovaciónde la Iglesia, es responsabilidad de ambas partes, y se debió a razones deorden teológico y político… reconocerlo y perdonarnos recíprocamente por todoello sería un gran y hermoso gesto". 

Evidentemente el cardenal Koch nopretendía solventar en cuatro frases un diálogo que aún durará varias generaciones,y quiera Dios que dure. Se trataba más bien de apuntar un enfoque muy verdaderoque nos puede unir a católicos y luteranos en esta ocasión. Porque seríadifícil entender y compartir una celebración (y la afirmación sabemos que puederesultar polémica para nuestros hermanos) entendida como mera autosatisfacciónpor un acontecimiento que más allá de sus intenciones originales ha provocadouna amarga laceración en el cuerpo eclesial. No puede negarse el bien que hasurgido de la fe sincera de tantos seguidores de la Reforma en estos 500 años,un bien que deberíamos reconocer sin ambages y que también nos enriquece a loscatólicos. Pero tampoco podemos eludir que entre nosotros se ha desplegado violenciae incomprensión mutua, y se ha producido un alejamiento progresivo respecto delcentro común de la Iglesia indivisa de los primeros siglos. Por eso reconocerjuntos que cometimos tremendos errores unos y otros, responde a la verdad y nosayuda en el camino de launidad. Esto también lo dijo Koch, cuyas espaldas son tananchas como "católico" (universal) su corazón.

"La historia no se puedecancelar, ha dicho el teólogo alemán Stephan Horn, pero se puede cambiar suinterpretación, la forma de juzgar los hechos". Y ahí el paso del tiempo, elconocimiento mutuo y el testimonio común bajo el totalitarismo, y ahora enmedio del nihilismo de la ciudad secularizada, sí nos pueden ayudar. Esimposible no recordar las palabras de Benedicto XVI en el antiguo conventoagustino de Erfurt, en octubre de 2011: "lo más necesario para el ecumenismo essobre todo que, presionados por la secularización, no perdamos casiinadvertidamente las grandes cosas que tenemos en común, aquellas que de por sínos hacen cristianos y que tenemos como don y tarea. Fue un error de la edadconfesional haber visto mayormente  aquello que nos separa, y no haberpercibido en modo esencial lo que tenemos en común en las grandes pautas de la Sagrada Escrituray en las profesiones de fe del cristianismo antiguo… como los mártires de laépoca nazi propiciaron nuestro acercamiento recíproco, suscitando la primeragran apertura ecuménica, del mismo modo también hoy la fe, vivida a partir delo íntimo de nosotros mismos, en un mundo secularizado, será la fuerzaecuménica más poderosa que nos congregará, guiándonos a la unidad en el únicoSeñor". 

No sé si la hermosa propuesta delcardenal se plasmará en un papel, y sobre todo, si se realizará en 2017. Peroayudaría ciertamente a la purificación que unos y otros necesitamos paracustodiar, alimentar y profesar juntos ante el mundo "las grandes cosas quetenemos en común". 

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