Mapa de sonidos de Tokio

España · Juan Orellana
Me gusta 0
3 octubre 2013
Si hay un cineasta español contemporáneo interesante es la directora catalana Isabel Coixet. Su cine, a pesar de ser despreciado por numerosos críticos, ha planteado en estos años temas incisivos con una puesta en escena muy particular. Es cierto que sus películas son literarias y algo alambicadas, pero su dominio de la poética cinematográfica y la inteligencia antropológica de sus guiones la han situado por encima de la media. Así ha sido con Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras y Elegy. Pero con su último film, Mapa de sonidos de Tokio, Coixet da un frenazo en su prometedora carrera creativa.

Coixet siempre había dado vueltas a los mismos temas, como la incomunicación, la maternidad, el dolor y la sanación, la convivencia con la muerte, la belleza herida, el viaje hacia el otro… y siempre ofrecía una salida más o menos luminosa al drama de los personajes. Sin embargo, su última película ofrece una salida falsa a la rabiosa soledad de sus protagonistas, y deja a éstos y al espectador sumidos en el escepticismo nihilista más deprimente.

La historia ocurre en Tokio. Una chica japonesa se suicida supuestamente a consecuencia de la relación tortuosa con su novio David, un empresario español afincado en Tokio. El padre de la finada, desesperado por la muerte de ella, no soporta ver vivo a David y contrata a una asesina a sueldo para que acabe con él. Pero ella se enamora de David, y en vez de matarlo se ve arrastrada a una cadena de encuentros sexuales que acabarán en callejón sin salida.

Todos los personajes están sumidos en una soledad tremenda en medio de esa inmensa urbe antropófaga. Entre ellos no hay nunca verdadera comunicación. El narrador del film, un ingeniero de sonido que sigue a la chica para registrar sus sonidos cotidianos, y ni siquiera él, su confidente más autorizado, logra saber nada de lo que hay en su joven corazón. Las relaciones sexuales entre ella y David son una evasión al dolor, reconocido explícitamente así, y por tanto tampoco son signo de una verdadera relación humana.

Los procesos y las heridas se cierran en falso y el resultado es una nada saboreada con una estética nostálgica; una canción de Antony and the Johnsons pone el broche final a esta cinta melancólica y crepuscular. Este nihilismo autocomplaciente es, por otra parte, la marca del productor del film, Jaume Roures, conocido por lo ideológico y sectario de sus productos, siempre al servicio de la mentalidad oficial.

Noticias relacionadas

Las palabras del Rey y la dignidad de los indios
España · Juan Carlos Hernández | 0
Las palabras del rey Felipe VI en su visita a la exposición «La mujer en el México indígena» en el Museo Arqueológico Nacional han levantado un gran revuelo, a pesar de la razonabilidad de sus comentarios....
20 marzo 2026 | Me gusta 2
El dilema del PP
España · Juan Carlos Hernández | 0
Mis amigos del PP se dividen en dos: los que creen que el partido debe llegar a un entendimiento con Vox y los que, por el contrario, creen que el partido de Feijoó debe marcar distancia con los de Abascal....
25 febrero 2026 | Me gusta 2
Entre el fascio oculto y las lenguas andaluzas
España · Carmen Martínez | 0
El mal pronóstico para la izquierda en las elecciones andaluzas, termómetro de la situación en todo el país, provoca desvaríos. El nuevo/viejo Sumar no concreta su propuesta y no tiene capacidad para evitar la crisis. ...
24 febrero 2026 | Me gusta 1