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Los neutrinos y la ausencia

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2 octubre 2011
La ausencia. Es el título del libro que acaba de publicar Vicente Verdú, el que fuera jefe de opinión de El País y sociólogo de referencia del mundo progresista español. Es quien ha explicado a muchos la crisis o la importancia de internet. Hace ocho años murió su mujer y asegura que la ausencia que experimenta desde entonces tiene mucho que ver con "el estado del mundo". "La ausencia -afirma- significa también la falta de casi todo, desde el conocimiento suficiente para afrontar el problema a la paralela ausencia de trabajo, de liquidez, de líderes, de confianza, de moral y de muchos otros importantes asideros".

Ausencia de certezas, señala Verdú, déficit de conocimiento. "Las utopías evaporadas, los valores extraviados, las jerarquías abatidas, la autoridad refutada, los padres desnortados… El postmodernismo fue la palabra ambigua que tapaba el desorden, abatido el sistema de certezas, en su lugar aparecía un solar". Una observación sincera. La publicación de su ensayo ha venido a coincidir con la revelación sorprendente de la velocidad de los neutrinos. En un experimento del Gran Colisionador de Hadrones se ha constatado que esta partícula subatómica, que apenas tiene masa, puede moverse a una velocidad ligeramente superior a la luz, lo que de confirmarse podría obligar a revisar muchas cosas. Con los haces de neutrinos emitidos en repetidas ocasiones desde el CERN hacia laboratorio del Gran Sasso se ha constatado que pueden viajar 20 partes por millón por encima de la velocidad de la luz.

El 29 de mayo de 1919 se produjo un suceso similar al que ahora ha tenido lugar. Unas fotografías que se tomaron en la isla de Príncipe, frente a la costa de Gabón, confirmaron que era necesario revisar el concepto de tiempo absoluto de Galileo y la física de Newton. Las fotos las tomó Sir Arthur Eddington, profesor de Astronomía. Se desplazó hasta ese punto geográfico porque era donde se estaba produciendo un eclipse, el lugar ideal para medir la desviación de un rayo de luz. Su experimento vino a confirmar la teoría de la relatividad de Einstein. Esa teoría mal entendida y mal divulgada justificó la idea de que no era posible la certeza. A principio de la década de los años 20, del pasado siglo, Einstein dio pie a que se pensara que habían desaparecido los absolutos de tiempo y de espacio, las seguridades en el saber y la distinción entre en el bien y en el mal. Es algo que el gran genio se dedicó a combatir. Al final de su vida escribió a su colega Max Born: "usted cree en un Dios que juega a los dados y yo creo en la ley y en el orden de un mundo que existe objetivamente".

El caso de los neutrinos, lejos de alimentar la ausencia, que también dominó en época de Einstein, nos dice mucho sobre cómo se produce el conocimiento que nos falta. El experimento del CERN no tenía como objetivo medir la velocidad sino estudiar lo que se conocen como oscilaciones de los neutrinos. La hipótesis de que fueran más rápidos que la luz no se había contemplado. Pero en la convivencia con el objeto de estudio ha ocurrido un imprevisto. La razón se ha visto obligada a explorar otros caminos. Para los cuerpos que la física denomina clásicos, bastaba Newton. Para los cuerpos que viajan a velocidades cercanas a la de la luz hizo falta la teoría de la relatividad, y ahora para estos cuerpos que se desplazan aún más rápido, quizás haga falta una nueva teoría. Apertura a lo nuevo y razón flexible, eso es lo que permite conocer.

El viejo racionalismo que pretendía imponer un único método no sirve. No sirve ni para la física ni para la vida. El problema es que todo lo que es apertura en la ciencia de las partículas es defensa de los viejos esquemas en la ciencia de la existencia. La ausencia es el resultado de este desfase. Si a la razón se la deja libre de ataduras supera la apariencia y reconoce la gran evidencia que desde hace 400 años niega la cultura occidental: ninguno nos hacemos a nosotros mismos. En este instante, en el que leemos esta línea, el ser nos lo da Otro. "Alguien me deletrea", decía Octavio Paz con sabiduría poética. Sólo un imprevisto nos permite recuperar una compañía más radical que cualquier ausencia.

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