La trampa del otoño
15 noviembre 2017
“La corrupción acaba con la esperanza”, ha repetido insistentemente el papa Francisco en estos años. La cuestión es que llegados a un cierto punto de la vida, pública o personal, después de haber visto muchas cosas, nace en el corazón la tentación de pensar que todo es inútil y que la única vía realmente posible es la de ponerse a salvo, pensar en uno mismo y en la mejor manera de llevarse a casa algo “concreto”, abandonando para siempre los estériles ideales de la juventud. Se abre paso así un corazón cada vez más resignado y cínico, dispuesto a ver un complot en cada cosa, sospechoso tanto de la política como del Papa, de los compañeros de trabajo como de los vecinos de casa. 
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