La permeabilidad, clave del éxito

España · Ignacio Santa María
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23 junio 2008
Una de las razones del amplio apoyo obtenido por Rajoy y su equipo de confianza este fin de semana ha sido la especial generosidad que han mostrado hacia muchas de las enmiendas presentadas a las ponencias oficiales. Especialmente bien tratadas han sido aquellas voces críticas que querían reafirmar la verdadera identidad de España, la defensa del modelo constitucional y señalaban la amenaza de Educación para la Ciudadanía 

El congreso del PP no ha sido un simple cierre en falso de la crisis. Rajoy ha demostrado tener algo más que el control del aparato. Ese amplio porcentaje de votos favorables (84%) pone en evidencia que el líder gallego ha sabido superar las adversidades y recabar estos últimos días más apoyos a su candidatura. No le han respaldado sólo aquéllos que tienen sueldo del partido, como maliciosamente recriminaban algunos. Mientras tanto, sus detractores no han sabido articular una alternativa sólida y unida. Aunque han hecho mucho ruido, se ha visto que son pocos y muy heterogéneos.   

Es verdad que muchos compromisarios han optado por votar a Rajoy para, una vez que no había ninguna otra candidatura, potenciar al menos la imagen de un PP fuerte y unido. Pero también es cierto que una parte de ese 84% se explica porque, en la recta final del 16 Congreso, tanto él como su nuevo equipo de dirigentes han sabido tener cintura al aceptar en gran número enmiendas muy razonables a las ponencias.

Una de las clave de su éxito ha sido la flexibilidad, la permeabilidad y la apertura hacia dirigentes que han jugado limpio y de forma leal y transparente, presentando enmiendas que buscaban dotar de una mayor sustancia al discurso político. 

De este modo, han llegado a buen puerto muchas de las enmiendas que ponían énfasis en la reivindicación del modelo constitucional y la unidad de España frente al desafío nacionalista y los diversos oportunismos, en la denuncia de la intromisión doctrinaria de Educación para la Ciudadanía y el reconocimiento del derecho de la objeción frente a la asignatura, que hacían hincapié en el apoyo real a la familia como principal elemento vertebrador de la sociedad.

Rajoy ha sido implacable con quienes trataron de forzar su dimisión mediante presiones y zancadillas pero ha premiado a quienes desde una postura crítica han jugado limpio y con responsabilidad, llenando los preocupantes vacíos que se advertían en la ponencia política elaborada por Soria y Sánchez Camacho.

El ejemplo más claro es el de Alejo Vidal-Quadras, una voz crítica con la ponencia oficial que, además de ver confirmada y aceptada una buena parte de sus tesis, ha conservado su puesto en el Comité Ejecutivo Nacional. El europarlamentario catalán consiguió una transaccional que respeta lo esencial del contenido de la enmienda que presentó junto a Santiago Abascal, Eugenio Nasarre, Luis Fraga, Vicente de La Quintana y Carlos Delgado, que incluye como cuestiones principales la verdadera identidad de la nación española y la conveniencia de una reforma de la Constitución para reforzar sus principios y reconocer su vitalidad y vigencia.

Por supuesto que el peligro del "pensamiento blando" está muy presente y es creciente en el PP. Esa suerte de discurso relativista y oportunista, que sitúa el acceso al poder por encima de los principios, sigue avanzando posiciones, pero el Congreso también ha servido para que las tesis anteriormente citadas no sean desechadas como antiguallas.  

El reelegido presidente Rajoy debe tomar nota de la lección: ha de desterrar las rigideces y los tics autoritarios; encerrarse en una camarilla de asesores adulones sólo le restará apoyos y le hará más débil. No es el Rajoy del discurso de Elche o el del enfrentamiento con San Gil el que podrá optar a la carrera por la presidencia del Gobierno sino el candidato que es capaz de abrirse y valorar las corrientes de pensamiento que aportan ideas razonables y realistas y son fieles a los principios que dieron origen al partido.

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