Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

Cultura · Víctor Alvarado
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7 abril 2014
El cine francés nos suele dar una de cal y otra de arena en lo que a sus películas se refiere porque unas son superficiales y otras bastante profundas, aunque todas ellas muy trabajadas y de una notable calidad. Si François Ozon nos hablaba de lo peor de la condición humana en Joven y bonita, el director novel Guillaume Gallienne nos obsequia con una divertida historia, titulada Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

El cine francés nos suele dar una de cal y otra de arena en lo que a sus películas se refiere porque unas son superficiales y otras bastante profundas, aunque todas ellas muy trabajadas y de una notable calidad. Si François Ozon nos hablaba de lo peor de la condición humana en Joven y bonita, el director novel Guillaume Gallienne nos obsequia con una divertida historia, titulada Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

Guillaume es un chico amanerado al que su madre siempre ha tratado como si fuera una niña. Éste nos contará los malentendidos y vivencias que le ayudaron a encontrarse a sí mismo.

Esta producción autobiográfica ha sido escrita, dirigida e interpretada por Guillaume Gallienne, que lleva con tino su obra de teatro a la gran pantalla. Este genio mezcla situaciones más teatrales con otras más cinematográficas sin que resulte tedioso o artificial, provocando en ocasiones la carcajada. Su ingenio le permite contar una historia original sin prisa, pero sin pausa, con habilidad y sin importarle el qué dirán. Esa debe ser una de las claves de su éxito en Francia, donde se ha roto la taquilla, obteniendo la nada despreciable cifra de tres millones de espectadores.

La crítica ha valorado positivamente su atrevimiento y algunos expertos la sitúan en la órbita de Woody Allen y Billy Wilder. Ha recibido varios galardones como cinco premios César; el premio a la Mejor Película según la Asociación Internacional de Exhibidores o según la Asociación de Autores Franceses; así como dos premios en el Festival de Cannes, donde fue ovacionada durante nada más y nada menos que 15 minutos. Las interpretaciones de Galliene son maravillosas al igual que las intervenciones de los secundarios. Diane Kruger tiene una aparición memorable.

Este largometraje es una apuesta arriesgada e inteligente. Aborda el tema de la homosexualidad con profundo respeto y gran sentido del humor, pero de un modo políticamente incorrecto y sin caer en las garras de la ideología de género. Por otra parte, esta cinta es un sentido homenaje a todas esa madres que dan la vida por sus hijos y se preocupan por ellos.

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