Entrevista a Eloy Sánchez Rosillo

´Estar atento debería ser algo sustancial´

Cultura · Fernando de Haro
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23 noviembre 2020
“Pon tus ojos, tu oído, en lo que importa, y atiéndelo despacio, con rendición dichosa, hasta que su secreto brote en ti. ¿No ves? Avanza marzo y florece la rosa en el jardín. Sin saberlo, es la vida. Mírala. Cómo se abre a la luz, con cuánta entrega”. Este es un fragmento de ‘El amor’, uno de los poemas del libro “La rama verde”, que acaba de publicar Eloy Sánchez Rosillo.

“Pon tus ojos, tu oído, en lo que importa, y atiéndelo despacio, con rendición dichosa, hasta que su secreto brote en ti. ¿No ves? Avanza marzo y florece la rosa en el jardín. Sin saberlo, es la vida. Mírala. Cómo se abre a la luz, con cuánta entrega”. Este es un fragmento de ‘El amor’, uno de los poemas del libro “La rama verde”, que acaba de publicar Eloy Sánchez Rosillo.

El libro está lleno de celebración de la vida, amaneceres, pájaros que beben en charcos, paseos junto al mar y paseos por la ciudad, ¿de dónde nace esta celebración de la vida?

Nace desde el centro del ser de uno mismo. Algunas de esas cosas parece que están fuera de nosotros, pero en realidad están dentro. Esos pájaros, esos amaneceres, están dentro; lo que pasa es que muchas veces cerramos los ojos a la realidad y a nosotros mismos también. Estamos como mirando la realidad sin verla, sin ver nada de lo que nosotros mismos somos. Cuando lo ves, cuando abres bien los ojos, los oídos y todo tu ser, percibes lo que normalmente no percibes: ese lado oculto de la realidad, de la vida, que creo que no puede ser más que celebrativo, porque es una maravilla. El mundo –no digo la sociedad, la sociedad es una cosa muy distinta y nefasta–, el mundo es hermoso y merece la pena que lo miremos como hay que mirarlo. Lo que pasa es que muchas veces el hábito nos ciega y no miramos.

Leo en el poema ‘Moreras’: “Me digo: Eloy, no te distraigas, míralas, a ver si tienes suerte y las sorprendes el día en que rompen en su fervor”. Si no estás lo suficientemente atento, el estallido de la primavera en las moreras te pasa inadvertido. “No te distraigas, míralas”. ¿Cómo estar atento?

Requiere toda una vida para intentar estarlo. No se consigue en un día. Estar atento a las cosas del mundo no es solo propio de un poeta ni de cualquier tipo de artista. Debería ser algo sustancial para cualquier hombre. Pero fundamentalmente para un artista es importantísimo. Si vas con los ojos cerrados, te llenas de abstracciones, de cosas que no tienen nada que ver con el mundo ni contigo mismo. Hay que mirar, estar atento. Muchas veces pasa la primavera entera y no nos hemos dado cuenta. Es una pobreza porque no te das cuenta de que la vida merece la pena y que el mundo es una maravilla.

¿Por qué encuentras entre las cosas sosiego y conformidad?

Porque el ruido que uno escucha tantas veces, bien fuera de sí o bien dentro de uno mismo –que es el peor–, es algo que proviene de lo social, de la sociedad, de la mala organización de la sociedad, pero cuando uno se queda a solas consigo mismo y mira a su interior, o al exterior también, pero dentro del silencio, entonces, con la ausencia de ruido, todo es sosiego. No puede haber esas perturbaciones, esas alteraciones que nos produce el vivir cotidiano, inmersos en nuestros problemas y quehaceres redundantes y fatigosos.

“Da igual que sea enero y estés solo, que el viento silbe y haga tanto frío. Poco importa también que llueva a cántaros. Tú estás a salvo en tu memoria. Mira el huerto aquel de tu niñez”. Para ti la niñez es “rama verde en la que canta el jilguero, memoria en la que te refugias”.

La rama verde es realmente el título de un poema que se hizo extensivo a todo el libro, y es una metáfora de la infancia. Aunque he de decir que no solo de la infancia. Afecta a la vida entera de un ser humano. En el árbol del vivir nunca puede faltar la rama verde a la que alude el poema, que es la más alta, la que se mece en la luz. Esa rama surgió en la infancia, pero debe estar presente, debe seguir creciendo después y formar parte de nuestra realidad, de nuestra esencia. Las hojas secas que con el paso del tiempo se le van cayendo al árbol en realidad son exterioridades de nuestro ser, mientras que uno no pierda de vista la rama verde y la mire con ilusión, estará vivo aunque tenga más años que Matusalén.

“No es que yo me adentre cada mañana por la orilla del río, es más bien que el lugar se adentra en mí, penetra en mis cuidados, los lava y los define”. A veces tenemos dificultad para que las cosas, los sitios, estén dentro de nosotros, entren en nosotros.

Exacto. En realidad, el mundo está dentro de nosotros. Pero hay que dejarlo entrar, no se le puede cerrar la puerta. Si cerramos las puertas, solo tenemos nuestra propia pequeñez y nuestra propia oscuridad. Hay que dejar que las cosas entren, las cosas importantes del vivir, en nuestra intimidad y nos unan a ellas, uniéndose ellas con nosotros también, que formemos una unidad con el mundo. Eso rara vez sucede cuando estamos sin atender, hay como una quiebra entre las cosas y nosotros. Hay que escuchar, abrir las puertas, y el enriquecimiento que producen es enorme. Es lo único que nos hace vivir verdaderamente como seres humanos.

Este poeta que celebra la vida y atiende también reconoce pertenecer a la melancolía, ¿qué es esa melancolía?

La melancolía no es ni mucho menos tristeza, digamos que la melancolía es como una alegría suave, no es una alegría ruidosa, es una forma de percibir las cosas sabiendo la fragilidad que todo tiene, las cosas y nosotros mismos. Pero dentro de esa fragilidad, y aun constatándola, hemos de estar alegres porque la vida es eso, esa fragilidad.

*Esta entrevista fue realizada en La Tarde de Cope

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