En Venezuela empieza la persecución de la Iglesia

Mundo · Marinellys Tremamunno
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28 abril 2017
´Traidores, terroristas, asesinos, 666, sacerdotes demonio´. Estas palabras aparecieron pintadas hace unos días en una de las paredes laterales de la catedral de san Pedro Apóstol en Barinitas, cuyo párroco, el padre Franklin Rangel Navas, había denunciado agresiones poco antes, cuando un grupo de gamberros, presuntamente por orden de la concejala del municipio de Bolívar, en Barinas, Maritza Vargas. Ahora el sacerdote teme por su vida.

´Traidores, terroristas, asesinos, 666, sacerdotes demonio´. Estas palabras aparecieron pintadas hace unos días en una de las paredes laterales de la catedral de san Pedro Apóstol en Barinitas, cuyo párroco, el padre Franklin Rangel Navas, había denunciado agresiones poco antes, cuando un grupo de gamberros, presuntamente por orden de la concejala del municipio de Bolívar, en Barinas, Maritza Vargas. Ahora el sacerdote teme por su vida.

Pero no se trata de un caso aislado. El pasado 30 de enero, el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Diego Padrón, ya dijo durante una entrevista radiofónica que ´los ataques contra las instituciones religiosas en varios puntos del país no parecen casos aislados, sino más bien acciones preparadas para intimidar a la Iglesia católica´.

Justo el día antes de la denuncia del presidente de la CEV, la iglesia de San Pedro Claver del ´23 de Enero´, barrio popular de Caracas, fue asediada por varios grupos durante la misa. ´Se presentaron allí los colectivos, cerraron la iglesia y nos obligaron a todos a oír su agresivo discurso contra la Iglesia. Los fieles protegieron a monseñor Jesús González de Zárate, obispo auxiliar de Caracas, que afrontó con valor la situación´, cuenta el periodista y exportavoz de la MUD (coalición de partidos opositores) Jesús Torrealba. Una situación parecida tuvo lugar en la parroquia Claret de Maracaibo, cuando la policía nacional interrumpió la homilía de Ovidio Duarte e intentó expulsar a los fieles de la iglesia. En aquellos días también se produjeron ataques contra las residencias de los arzobispos de Barquisimeto, Mons. José Antonio López Castillo; y Adam Ramírez en Caracas.

El miércoles santo fue uno de los días más difícil para el episcopado venezolano. Un grupo de personas identificadas con el chavismo irrumpieron en la basílica de Santa Teresa mientras el cardenal Urosa Savino presidía la homilía, quien tuvo que marcharse protegido por los fieles. Ese mismo día aparecieron en las paredes de varias iglesias de San Cristóbal (Tachira) amenazas de muerte contra los sacerdotes bajo el acrónico PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela). Pero la mayor blasfema de aquellos días la sufrió la imagen del Nazareno de la catedral de Valencia, que apareció la mañana del sábado 8 de abril cubierto de excrementos.

¿Pero qué es lo que ha desatado tanta ira? La CEV es la única voz autorizada que denuncia la grave situación de Venezuela. ´Ante el empeoramiento de la situación económica, política y social de los últimos tres años, hemos enumerado algunos de los errores cometidos por el gobierno y hemos hecho reiteradas peticiones de cambio de ruta. Esta es la razón de los ataques contra mí, contra el cardenal Baltazar Porras y en general contra el episcopado. El gobierno no tolera crítica alguna´, afirma el cardenal Jorge Urosa Savino.

Los obispos venezolanos luchan sin tregua por la defensa de los derechos humanos en su país. El pasado 12 de abril vimos al cardenal Urosa denunciar en conferencia de prensa la acción de grupos armados, los llamados colectivos, contra las manifestaciones pacíficas. ´Estas bandas armadas son ilegales y cometen crímenes´, dijo el vicepresidente segundo de la CEV. Una declaración que confirma las palabras de su presidente, monseñor Diego Padrón: ´Sin resistencia no hay esperanza, hoy la Iglesia venezolana se encuentra en una actitud de resistencia frente al poder´, afirmó durante su intervención en el VII Congreso Nacional de Laicos, celebrado a primeros de abril.

En el trasfondo se delinea el verdadero rostro del gobierno de Nicolás Maduro. El portavoz de la CEV, Pedro Pablo Aguilar, ha declarado que ´la situación es realmente difícil´, subrayando que ´lamentablemente la gente que sigue al gobierno no tiene escrúpulos y cualquier persona que exprese una opinión contraria puede ser acusada de terrorismo o víctima de amenazas, mientras los mismos torturadores se dedican a hablar de paz y diálogo´.

Es realmente sobrecogedora la oleada de violencia contra la Iglesia venezolana. El balance de los tres últimos meses afirma que “las diócesis ha sido objetivo de robos y destrucción de diversos bienes, por ejemplo en Guarenas y Maracay (donde la curia ha sufrido redadas), en la iglesia de la Consolación de Maracaibo robaron hostias consagradas y en el convento de la misma ciudad se llevaron el Santísimo Sacramento. En el Instituto Venezolano de Educación Profesional de la Iglesia Católica han destruido parte de las instalaciones y han arramplado con todo. En Guayana han asaltado multitud de iglesias, incluso secuestraron y amordazaron a un sacerdote; en Guarico se han producido varios hurtos y han aparecido muchas pintadas en las iglesias con mensajes amenazantes”.

Un boletín de guerra duro, al que se añade el homicidio el pasado martes santo de un fraile en la ciudad de La Victoria, estado de Aragua, el franciscano de la Cruz Blanca Diego Begolla, al que mataron durante el robo de los ordenadores de la casa de acogida de ancianos que él dirigía. Escenas que en Europa podrían recordar al bárbaro asesinato del sacerdote francés Jacques Hamel a manos de los extremistas del Isis el pasado 26 de julio, pero aquí no ha tenido eco la noticia de la muerte del fraile venezolano.

¿Cómo vive el episcopado este clima tan intimidatorio? “Los obispos están sorprendidos ante esta oleada de violencia, pero sostienen su voz profética y enérgica para denunciar lo que está pasando. Es más, estas amenazas animan al episcopado y hoy más que nunca la Iglesia está presente con sus pastores en todas las comunidades, acompañando al pueblo en su sufrimiento”, concluye el padre Pedro Pablo Aguilar.

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