Editorial
Assad salió el pasado miércoles del campo de refugiados que se había montado aquí en Pazarkule, en el puesto fronterizo entre Turquía y Grecia, cerca de la ciudad de Edirne. Assad, con un grupo de amigos de Kabul, enfiló el camino de tierra que une la frontera con el pequeño pueblo de Karach. Iban a buscar pan, algunos plásticos y ropa de abrigo para pasar la noche, todavía muy fría. Delante de Assad caminaba una pareja de subsaharianos, más allá dos kurdos iraquíes, y por detrás un grupo de sirios rubios. Pazarkule se ha convertido en el purgatorio del mundo, donde se hablan todas las lenguas de los que se han quedado sin pasado ni futuro, sin techo y sin país.
En el purgatorio del mundo
09.03.2020
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