El ridículo de Stephen Hawking

Mundo · M.M.
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2 septiembre 2010
El cardenal de la ciudad más poblada de Europa ha asegurado que los fundamentos de la física de partículas son incorrectos, según los principios de la teología, y que es necesario someterlos a una profunda revisión. El asunto ha coincidido con las declaraciones del pintor más valorado en Nueva York, que ha sostenido que el mejor modo de combatir el cáncer, según su ciencia artística, es suprimir la quimioterapia. Más llamativa aún ha sido la afirmación de un cosmólogo de la India que ha afirmado que usando sus conocimientos astrofísicos hay que concluir que los versos de la Odisea son malos.

A estas alturas está claro que estamos poniendo ejemplos disparatados de especialistas que se pronuncian sobre cuestiones que no son de su incumbencia. Su opinión tendría el valor que tiene la opinión de alguien que busca seriamente la verdad a condición de que usara la ciencia necesaria para abordar las diferentes cuestiones.

Que el cardenal no hiciera física con la teología, que el pintor no hiciera medicina con la pintura y que el cosmólogo no hiciera crítica literaria con la cosmología. Otra cosa sería ridícula. Esa pretensión ridícula es la que tiene Stephen Hawking cuando afirma en un nuevo libro que la física moderna excluye la posibilidad de que Dios crease el universo. Es la vieja pretensión de la ciencia de decirnos qué tenemos que pensar y sentir sobre la experiencia humana.

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