Dos opciones

España · Javier Restán
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18 mayo 2011
Imaginemos un día cualquiera en plena campaña electoral, vamos distraídos, navegando entre los lugares comunes a los que nadie presta atención hace tiempo, entramos en un hotel donde se agolpan algunos centenares de personas y, por curiosidad, y sin ninguna expectativa, nos ponemos a escuchar al conferenciante: ¿Cuál es mi concepto de la política? Y responde: "hacer todo lo posible para dar a los ciudadanos la máxima libertad para que expresen sus deseos y sus aspiraciones y para que puedan realizarlos. Y para lograr que sean ellos, los ciudadanos, los auténticos protagonistas de la vida social y política. Anteponer la libertad y las iniciativas de los individuos a la voluntad de los políticos". ¡Imposible que alguien hable así en la política española! Pero ha sucedido. Lo ha afirmado hace unos días Esperanza Aguirre en un desayuno organizado por Europa Press.

En ese desayuno, la presidenta de la Comunidad de Madrid, además, dijo que las elecciones del próximo domingo 22 de mayo "van a ser las de mayor calado ideológico de los últimos tiempos". Las opciones, según el análisis de Aguirre, se centran en las diversas concepciones que se tienen del papel del Estado y el Gobierno con respecto a la vida de los individuos y de la sociedad. Así lo definía la presidenta: hay políticos que quieren cambiar la sociedad desde el poder a partir de sus ideas, una actitud que, si bien es legítima, resulta pretenciosa. Pero todavía hay otros políticos aún más totalitarios que "lo que pretenden es cambiar a los mismos ciudadanos, cambiar su manera de pensar, su manera de actuar, de comer, de comportarse, de vestir o de creer o no creer en Dios. Y no me pidan que les dé nombres", apuntilló Aguirre.

Frente a este tipo de posiciones, Esperanza Aguirre defendió la prioridad de la libertad y la iniciativa de los individuos, como "base de mi concepción liberal de la vida y de la política".

En realidad, en España hemos conocido bien durante estos últimos siete largos años esa forma pretenciosa de hacer política a la que se refiere Aguirre. Gracias al presidente Zapatero, pero también -y de modo muy significativo- en ese laboratorio de ingeniería política en que se convirtió Cataluña durante el gobierno del tripartito. Por esa razón, al escuchar una propuesta que defiende una autocontención del uso del poder y aboga por devolver protagonismo a las personas y la sociedad, comienza a abatirse el muro.

Zapatero y el trío catalán, han sido, ¡son todavía!, una pesadilla, en el sentido de que han llevado a cabo políticas con una pretensión ilimitada, sin respeto de la sociedad, exageradas, que han consistido, en palabras de Aguirre, en "una serie de iniciativas provocadoras e innecesarias que sólo han servido para dividir a los españoles y para romper el espíritu de concordia y de consenso de la Transición". Y efectivamente esta pretensión rompe el consenso y las bases del diálogo, porque sencillamente no lo busca.   

Lo que hemos vivido estos años en la España de Zapatero estaba ya anunciado a finales de los 80 por el gran pensador checo Vaclav Belohradsky: "Basta con disponer de una organización eficiente para poder dar legitimidad a cualquier cosa. Podemos resumir de este modo la esencia de lo que nos amenaza: los Estados programan a sus ciudadanos (…). Toda la sociedad se convierte, paulatinamente, en un producto del Estado".

Frente a ello Aguirre propone, y ha dado ejemplo en ocho años, una política que tiende a dar mayores capacidades de iniciativa y elección a las personas y las familias en ámbitos tan sensibles como la educación, la sanidad y los servicios sociales; una política que confía y mira sin recelo a quienes quieren crear empresas y, en consecuencia, les da mayores facilidades administrativas y fiscales; que reduce la presión impositiva para que las familias puedan decidir sobre más cantidad del dinero que es suyo; que se relaciona con el mundo de la cultura sin pretensiones, de forma más simple, abierta y plural; y al mismo tiempo que garantiza lo que los individuos y las organizaciones sociales no podrían darse a sí mismas: infraestructuras modernas, un transporte público de vanguardia…Y todo esto tiene relación evidente con el hecho de que en la Comunidad de Madrid hay más trabajo y ya se genera más riqueza que en ningún otro sitio de España.

Son tantas las cosas que quedan por hacer. Pero la dirección es la correcta y, además, tal como sostiene Aguirre, no es el Gobierno quien tiene que hacerlo todo necesariamente, sino que tiene que crear las condiciones para que la relación entre gobierno y sociedad sea mucho más sana, dejando más libertad a esta última, valorándola, favoreciendo su desarrollo.

Sí, hay dos maneras de entender la política y el gobierno que se eligen el próximo día 22 de mayo.

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