Contundente aviso al PP

España · F.H.
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23 marzo 2015
Los resultados de las elecciones andaluzas confirman que hemos entrado en un tiempo nuevo en la vida política. Aunque el cambio es gradual, no es una ruptura. Si lo que sucedió este domingo en Andalucía fuera extrapolable al conjunto de España, no podríamos decir que se ha producido el final del bipartidismo. Más bien habría que hablar de un bipartidismo corregido. Los dos partidos mayoritarios rondan todavía el 60 por ciento del voto. Han aparecido dos nuevas fuerzas, Podemos y Ciudadanos, que capitalizan el descontento.

Los resultados de las elecciones andaluzas confirman que hemos entrado en un tiempo nuevo en la vida política. Aunque el cambio es gradual, no es una ruptura. Si lo que sucedió este domingo en Andalucía fuera extrapolable al conjunto de España, no podríamos decir que se ha producido el final del bipartidismo. Más bien habría que hablar de un bipartidismo corregido. Los dos partidos mayoritarios rondan todavía el 60 por ciento del voto. Han aparecido dos nuevas fuerzas, Podemos y Ciudadanos, que capitalizan el descontento.

Lo que ha ocurrido en Andalucía confirma que el fenómeno Podemos pierde fuerza, al menos respecto a lo que estimaban las encuestas. Es una buena noticia. Al final ha sido un 15 por ciento del electorado el que se ha inclinado por esta nueva formación. Suma abstencionistas, y se hace hueco a la izquierda del PSOE. Viene a ser como el PCE de otras épocas.

A diferencia de Podemos, Ciudadanos confirma las expectativas y aparece como la opción de los que desean un cambio razonable. Mejor así, mejor que la aspiración a una nueva forma de hacer política transcurra por el cauce constitucional. Rivera sigue ganando terreno. No ha perdido un minuto en condicionar su apoyo a la investidura a la marcha de Griñán y Chaves. El PP, tras la acentuada caída de votos que ha sufrido, debería reflexionar. ¿Dónde se han ido los votos del PP? La suma de Ciudadanos, de Vox y de los populares no se acerca al resultado de Arenas en 2012. No es solo que su candidato, Juan Manuel Moreno Bonilla, no haya tenido tiempo para consolidarse; es que hay muchos votantes de centro que quieren otro modo de hacer las cosas. El castigo es severo y supone un aviso serio.

Susana Díaz no puede vender como un triunfo su victoria, tiene los mismos diputados y más dificultades para gobernar que antes.

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