Entrevista al senador Mario Mauro

Como antes de la segunda guerra mundial

Mundo · Pietro Vernizzi
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28 abril 2014
Rusia invadirá militarmente el este de Ucrania en pocos días. En un mar de propaganda y declaraciones oficiales, este es el escenario más previsible salvo milagro. Una tensión que se vislumbra también en las palabras del ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, quien afirmó que Occidente pretende “secuestrar” a Ucrania, con una escalada verbal en el cruce de acusaciones entre EE.UU y Rusia que no promete nada bueno.

Rusia invadirá militarmente el este de Ucrania en pocos días. En un mar de propaganda y declaraciones oficiales, este es el escenario más previsible salvo milagro. Una tensión que se vislumbra también en las palabras del ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, quien afirmó que Occidente pretende “secuestrar” a Ucrania, con una escalada verbal en el cruce de acusaciones entre EE.UU y Rusia que no promete nada bueno.

Mario Mauro, ex ministro de Defensa y senador italiano, acaba de regresar de un viaje a Ucrania en el que ha podido tocar con sus propias manos la realidad del movimiento de Maidán. “La posición de las potencias europeas con respecto a Putin se asemeja mucho a la línea mantenida el siglo pasado con Alemania, cuando Berlín se movía en nombre de la reunificación de los pueblos de lengua alemana en vísperas de la segunda guerra mundial”, constata desolado el senador Mauro.

¿Cuál es el resultado de su viaje a Ucrania?

Ante todo, he observado una necesidad de verdad y justicia por parte de amplios extractos de la sociedad ucraniana, una exigencia que hace patente la necesidad de Europa. El movimiento de la plaza del Maidán nace de una seria voluntad por parte de una generación que quiere hacer cuentas con la historia de Ucrania y de la Europa del este de los últimos años.

¿Cómo va a evolucionar la situación?

Estoy muy preocupado, porque es evidente la voluntad de Putin de doblegar esta exigencia de libertad y verdad a un proyecto geoestratégico muy claro. El horizonte ruso se mueve dentro de la llamada “teoría del espacio vital”. Putin se imagina a Rusia como un castillo asediado que necesita un “foso” para protegerse de sus presuntos enemigos. Este “foso” se construye en primer lugar con Bielorrusia y Ucrania, que en este contexto ya no podrán considerar una perspectiva europea, y mucho menos una alianza con la OTAN.

¿Qué acciones se prevén por parte de Rusia?

Existe el riesgo inmediato de una operación militar rusa en el este de Ucrania, que puede poner en peligro la unidad del país, su integridad territorial y su naturaleza como Estado soberano. Eso es aún más probable después de ciertos errores cometidos por el nuevo gobierno ucraniano, como la ley contra la utilización del ruso en la parte rusófona del país. Pero esto no debe distraer nuestra atención del hecho de que la anexión rusa de Crimea representa una violación del derecho internacional y un auténtico atentado contra la paz y la estabilidad del  mundo.

¿En qué sentido habla usted de un “riesgo inmediato”?

Los próximos días pueden ser decisivos para la soberanía de Ucrania.

¿Cómo reaccionará la comunidad internacional?

El horizonte que realmente se abre es una solicitación por parte de los EE.UU hacia la UE para detener a Rusia mediante sanciones económicas. La ONU está bloqueada de hecho por un juego de vetos que recuerda mucho al de la Guerra Fría. Eso obliga a Washington a rendir cuentas con Moscú, más allá del hecho de que estos años se haya ignorado el problema en nombre de la lucha común contra el terrorismo islámico.

¿Estados Unidos se limitará a actualizar las sanciones económicas?

No creo que para Washington exista la hipótesis de un enfrentamiento abierto, más aún con un territorio tan alejado de EE.UU. Un conflicto bélico con Rusia me parece además inimaginable. Pero queda el hecho de que América está aportando soldados a territorios limítrofes, como Polonia, Lituania, Estonia y Letonia. Un conflicto entre EE.UU y Rusia es el peor de los escenarios posibles, y es un deber fundamental de la comunidad internacional evitar que se materialice. Es necesario llamar a la cosas por su nombre, sin renunciar a la voluntad de paz.

¿A qué se refiere?

Creo que no se debe tender a justificar la intervención rusa solo porque implica serios peligros desde el punto de vista del suministro energético, o en virtud del hecho de que Rusia es grande y fuerte. Esta posición se parece mucho a una actitud que mantuvieron las potencias europeas cuando otro coloso ideológico y militar se empezó a mover en nombre del principio de reunir a las gentes de lengua alemana en vísperas de la segunda guerra mundial.

¿Corremos el riesgo de repetir lo que sucedió en 1939?

No lo podemos permitir, porque lo que era la ley de disuasión se vería de nuevo superado por la vía de los hechos, puesto que la dotación de armas de los países de la era contemporánea resulta absolutamente inimaginable.

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