Calefacción o libertad

Editorial · Fernando de Haro
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1 agosto 2022
Biden comparece ante la prensa y niega que el país esté en recesión. Una declaración sorprendente. El demócrata cuestiona una de las definiciones tradicionales de la economía.

Dos trimestres seguidos de disminución del PIB siempre han supuesto una recesión técnica. Y los datos estadísticos son claros: ha habido seis meses de decrecimiento. ¿Por qué habla así el presidente de los Estados Unidos? No está solo. Le apoya Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal. ¿Una conspiración para seguir subiendo los tipos de interés cuando la economía ya se ha enfriado? Ese es el problema: el “enfriamiento” no está claro. En Estados Unidos el paro está cerca del mínimo histórico. Y la inflación es del 9 por ciento, la más alta en cuatro décadas.

La Reserva Federal ha subido ya cuatro veces el precio del dinero. Los tipos vuelven al nivel de 2008 y se mantiene el reto de reducir la inflación sin provocar una recesión real. Es una operación de cirugía de precisión y no está garantizado que el enfermo la supere. El Banco Central Europeo se enfrenta a un desafío semejante con una inflación de casi el 9 por ciento en la zona euro. Lagarde nos ha dado la sorpresa de subir los tipos medio punto, por primera vez en once años. Ha sido un compromiso entre los socios del norte que quieren reducir con rapidez el dinero en circulación y los del sur que temen un enfriamiento demasiado rápido. El acuerdo ha sido posible porque se ha avanzado en el mecanismo que permitiría comprar bonos de Italia y España para evitar la subida de las primas de riesgo (mecanismo antifragmentación).

Si el BCE y la Reserva Federal se pasan encareciendo el precio del dinero pueden provocar un desastre, si no son agresivos en la lucha contra la inflación pueden provocar otro desastre de mayor calibre. No hay datos concluyentes de los que se pueda deducir hasta dónde se debe llegar. Probablemente están ante la decisión más relevante en muchos años, determinante para el bienestar de muchas personas. Para complicarla se añade otro factor. El alza de precios no es, en gran medida, consecuencia de un incremento del consumo. Suben por el encarecimiento de las materias primas y de los componentes industriales. Estamos en pleno proceso de “desglobalización” de las cadenas de suministro y nadie sabe todavía qué significa realmente ese fenómeno.

Tradicionalmente se ha entendido que la política monetaria es algo así como la mecánica de fluidos: sus consecuencias se producen siguiendo leyes de la física. Si sube el precio del dinero, se reduce la masa monetaria, la demanda se contrae y la inflación desciende. Pero desde hace tiempo los economistas empiezan a tener claro que el factor humano, es decir la libertad, tiene más protagonismo del que se le concedía. Tomamos decisiones no solo en función de incentivos o penalizaciones monetarias. La educación, la concepción del matrimonio, del trabajo, la esperanza de vida y muchos elementos relacionados con el hábitat de significado de las personas son determinantes en la toma de decisiones.

En este momento el factor humano toma especial peso porque estamos en guerra. Y la guerra no depende solo de la cantidad de aviones de combate o de tropa. El factor de la moral del combatiente y del conjunto de la población es esencial. La UE es la retaguardia de Ucrania. Hasta ahora los socios se han mantenido unidos para imponer unas sanciones que están dañando a Rusia, a Putin y a su ejército.

Buena parte de los problemas económicos de Occidente podrían solucionarse si promoviera un acuerdo con Putin. Enfrentarse a la invasión rusa es enfrentarse a la progresiva restricción del gas que llega a través del gaseoducto Nord Stream. Con todo lo que eso significa para las familias y la industria. Hay quien apuesta ya por cederle a Putin un pedazo de Ucrania a cambio de garantizar la entrega de hidrocarburos. A los partidos y a los países que escuchan las ofertas del autócrata ruso no parece importarles que pueda, como hizo en Crimea, mantener una conquista a plazos, progresiva. ¿Cuánto tiempo va a cumplir un pacto Putin? La economía, como todo lo humano, no se parece a la física. Ahora no hay que elegir entre cañones o mantequilla. Quizás en el futuro sí. Ahora hay que elegir entre calefacción o libertad.

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