Cada chico, cada joven, es único

Cultura · PaginasDigital
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21 marzo 2014
Adolfo Nivar, profesor de informática, ha querido compartir con nosotros su experiencia de trabajo con los jóvenes que acuden al Centro Hispano-Dominicano en Madrid.

Esta es la experiencia que Adolfo Nivar se ha llevado en apenas 3 semanas de clase con el grupo de jóvenes que acuden al curso de informática en el CEPI, y que él quiere compartir con nosotros.

“Yo con este grupo estoy súper ilusionado porque estoy aprendiendo mucho más de ellos que lo que yo les estoy enseñando. Ellos me están enseñando valores humanos que no se podrían aprender si no estás en contactos con ellos.

Para daros una pincelada. Un chico africano, Hermelindo, un joven con una personalidad muy alegre y natural, cuando se ríe por algún chiste o algo que ocurra en clase, su reacción es acompañar la risa dando un abrazo a la persona que tenga al lado. Esto en jóvenes de su edad sorprende muchísimo y al comienzo incomodaba. Hace poco tiempo el grupo se enteró de que Hermelindo cuando sale tarde de clase, se queda muchas veces sin cenar o durmiendo en la calle porque vive en un albergue para inmigrantes en Madrid. Los chicos se han volcado con él. Yo mismo he visto cómo le pedían su mochila y le metían algunas monedas en el bolsillo para ayudarle económicamente. Chicos que como Hermelindo tienen pocos recursos y se encuentran en riesgo de exclusión social.

Hace poco me he enterado de dos chicos que están muy ilusionados con el curso. Son de esos dominicanos de toda la vida que viven en el barrio de Tetuán, que iban por muy mal camino y que sienten como su salvación estar aprendiendo en el curso. Uno de ellos tiene un nivel académico muy bajo lo que hace que los términos que utilizamos en clase sean incomprensibles para él. Aún así él está determinado a seguir, ve en ello su tabla de salvación

El otro contaba que su madre está más contenta con él porque hace algo útil para su vida. Le ha preguntado qué herramientas se usan en el curso para regalárselo por su cumpleaños.

Dar clase a estos chavales y compartir ese momento con ellos no solo me gusta, sino que me hace estar completamente feliz. Además trabajo con ellos como “mentoring” viendo cómo pueden insertarse en el mundo laboral.

Cada uno tiene detrás una historia impresionante, única, y todos ellos tienen talento, perspectivas de futuro y deseo, hambre por aprender”.  

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