Brexit: más Europa, menos Alemania

Mundo · Fernando de Haro
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20 junio 2016
David Cameron, al convocar el referéndum del Brexit, ha cometido un pecado de esencialismo, que también podemos llamar integrismo democrático. Algo poco democrático. Cameron ha cometido un pecado propio de los populismos que no está a la altura de la gran tradición británica. En su competencia con el UKIP prometió la consulta popular, admitió jugar el partido con las reglas fijadas por los populistas. Ese fue su gran error. Un error que puede costarle muy caro a su partido y al conjunto del país.

David Cameron, al convocar el referéndum del Brexit, ha cometido un pecado de esencialismo, que también podemos llamar integrismo democrático. Algo poco democrático. Cameron ha cometido un pecado propio de los populismos que no está a la altura de la gran tradición británica. En su competencia con el UKIP prometió la consulta popular, admitió jugar el partido con las reglas fijadas por los populistas. Ese fue su gran error. Un error que puede costarle muy caro a su partido y al conjunto del país.

Desde el Renacimiento los occidentales vivimos en una perpetua exaltación de la voluntad. Ahora vuelve bajo la equívoca identificación de la democracia como la expresión permanente y sistemática de la voluntad popular: la mayoría expresada, aquí y ahora –no sabemos qué dirá dentro de un minuto- pretende imponerse como la única regla. Siglos de democracia británica, también continental, nos habían enseñado que la voluntad popular se expresa a través de muchos cauces, está autolimitada constitucionalmente –aunque la Constitución no sea escrita-. También nos habían enseñado que es necesario contrapesar el pueblo-sufragio con el pueblo-reflexión y con el pueblo-juez. Más aún cuando el imperio de los medios y de los mercados ha creado un nuevo poder.

Todo eso es lo que el conservador nada conservador Cameron ha colgado de la Torre de Londres con el referéndum sobre el Brexit.

¿Cuál es la respuesta que se debe dar si, por desgracia, triunfa el Brexit? Ante todo sosiego. A corto plazo será necesaria mucha política monetaria: manguerazo de liquidez para la especulación que quiere hacerse rica apostando contra el euro y la libra. Y luego la Unión tendrá que poner a los partidarios del Brexit ante sus propias contradicciones. A los partidarios del Brexit solo les reúne su voluntad de salir de la Unión. Pero entre ellos hay tribus muy variadas: los hay que no quieren nada con Europa, los hay que quieren un acuerdo de libre comercio, un acuerdo como el turco de unión aduanera, un acuerdo como el de Noruega que permite participar en la mayor parte del mercado interior comunitario sin necesidad de adherirse a otras políticas europeas como la agricultura, la pesca o política exterior. También está el modelo suizo. Que propongan. Y entonces la Unión deberá decidir estableciendo unas claras líneas rojas. Y aquí la linea-Juncker es inteligente: no se pueden quedar con lo bueno y rechazar lo malo. Un acuerdo de mercado interior sin libertad de movimiento de personas sería inaceptable. No se le consiente al Reino Unido, no se le puede consentir a Noruega. Suiza, que mantiene 120 acuerdos sectoriales con la Unión Europea, contribuye al presupuesto comunitario. El que se va se ha ido.

El Brexit no tiene nada de deseable. Pero si en la Unión Europea hubiera liderazgo podría ser una ocasión para reforzarse. De lo que se trata es de mostrar al mundo que el proyecto de construcción europeo sigue adelante aunque los británicos se hayan quedado atrás. Hay muchas maneras de hacerlo. La más sencilla y más contundente sería avanzar rápido en el gobierno económico. Hasta ahora Alemania, con miedo a las elecciones del otoño del año que viene, ha supuesto un freno. Es un buen momento para levantar ese freno. Para darle una acelerón a la unión bancaria que, como ha señalado recientemente la OCDE, está inacabada y necesita más medidas de vigilancia de las entidades financieras o de garantía de los depósitos. Se puede adelantar la puesta en marcha del Fondo Único de Resolución previsto para las quiebras, que no entra en vigor hasta 2023. Se puede seguir las recomendaciones del FMI de ampliar el Plan Juncker de inversiones, se pueden lanzar más inversiones públicas. Se puede avanzar en la mutualización de la deuda o la integración fiscal. La lista de tareas pendientes para hacer una Europa más federal es muy larga. A grandes males grandes remedios. Si el Reino Unido se va, más Europa. Para eso es necesario que Alemania deje de pensar en términos nacionales y permita a Europa ser Europa. No es el voluntarismo popular, a los pies del populismo, el que nos sacará de esta situación. Y en Francia tenemos presidenciales el próximo año.

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