BlindBoys of Alabama, noche de ´resurrección´ en Madrid

Cultura · Enrique Chuvieco
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20 julio 2011
Seguro que susurró al bajista grandullón que le trasportara fuera del escenario para darse un baño de las escasas multitudes que nos encontrábamos el pasado 18 en el escenario de la Puerta del Ángel de Madrid. Era el momento. Habían comenzado a cantar Estoy contento y el rift de guitarra comenzaba machaconamente a enervar a los congregados. Jimmy Carter sabía y quería hacer algo y, ayudado, dejó a sus compañeros de décadas para meterse entre el público y convertir en escenario todo el recinto cantando y dejándose besar y abrazar mientras que el personal nos dejábamos arrebatar por la música sincopada del góspel para echar los "demonios" bailando.

El clímax duró 10 minutos llenos de magia al ver al huracanado setentón invidente de acá para allá entre la feligresía con su lazarillo de dos metros detrás, mientras el resto de BlindBoys of Alabama continuaba con el estribillo, plantados en el escenario.

Jimmy Carter es el amo y tenía que ejercer su liderazgo para inyectar vitalidad a gente menos familiarizada con los "espirituales" que con el "blues", el "rock" y lo que vino después, a pesar de que los himnos religiosos trajeron a éstos en su interpretación y en sus ritmos. Carter se sabía protagonista de una formación de la que fue uno de los pioneros allá por 1939 cuando entró en el Alabama Instituteforthe Negro Blind (Instituto de Alabama por el Negro Ciego). Eran tiempos duros para los afroamericanos en el sur de Estados Unidos (habremos visto y leído centenares de películas y libros sobre esta vergüenza para Estados Unidos).

Han pasado más de 70 años y Carter, más dos setentones que no son de los primeros y alguno de la nueva hornada de los Blindse ha vuelto a subir a un escenario madrileño (han actuado otras veces en Madrid y en otras puntos de España, como lo harán estos días en Alicante) y recordarnos algunos de sus éxitos y otros temas de su nuevo disco, Takethe High Road, más country que el más de medio centenar de anteriores álbumes, por los que han ganado cinco Grammys y han sido reconocidos en Estados Unidos.

O tal vez habría que decir que han reinventado otro estilo: el "góspel-country", porque los ritmos de este nuevo trabajo son más trotones y las armonías más atrevidas, rompiendo el pulso con batería, teclados y punteos y acordes de guitarra, mientras que la genuina columna del grupo -Carter y dos vocalistas más- daban el recorrido "góspel" con unas voces que todavía tienen mucho que decir.

En algo más de 80 minutos, estos "grandes" de la música consiguieron transmitir mucho a una concurrencia que pensábamos que sería imposible que tres ancianos que habían salido agarrados y que comenzaron su concierto sentados pudieran animar el cotarro que se prometía "suavito". Craso error. No sabíamos a quiénes teníamos delante.

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