A pesar de todo, la política

Mundo · Jorge Barragán
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11 julio 2013
La política, en Occidente,  luego de pretender absolutizarse, especialmente en el siglo pasado, como respuesta a las necesidades fundamentales del hombre: felicidad, amor, belleza, etc., de erigirse como guía de los problemas materiales y espirituales de la sociedad y las personas, se encuentra desconcertada ante la realidad imperante, debido a los constantes fracasos de sus pretensiones desmedidas, e incapacitada para dar respuestas a los desafíos que los  nuevos tiempos presentan, quedó presa de su última fantasía: considerar al dinero y al tener como único medio para llegar al poder y mantenerlo, así como en los años 60 se creyó que el poder debía ser conquistado por las armas, hoy el dinero ocupa ese lugar.

La política, en Occidente,  luego de pretender absolutizarse, especialmente en el siglo pasado, como respuesta a las necesidades fundamentales del hombre: felicidad, amor, belleza, etc., de erigirse como guía de los problemas materiales y espirituales de la sociedad y las personas, se encuentra desconcertada ante la realidad imperante, debido a los constantes fracasos de sus pretensiones desmedidas, e incapacitada para dar respuestas a los desafíos que los  nuevos tiempos presentan, quedó presa de su última fantasía: considerar al dinero y al tener como único medio para llegar al poder y mantenerlo, así como en los años 60 se creyó que el poder debía ser conquistado por las armas, hoy el dinero ocupa ese lugar.

Como respuesta: gritos han estallado en las calles de diferentes naciones, desde Egipto, hasta Argentina, pasando por Brasil, llegando a Europa, indignados carentes de líderes carismáticos y propuestas definidas, pero reclamando por su dignidad, manifiestan la necesidad de una clase dirigencial que este a la altura de los tiempos, reconociendo el bien común como la meta de la política. ¿Quiénes son los protagonistas de este nuevo fenómeno que conmueve al mundo contemporáneo y muestran una forma distinta de manifestarse y, además, de comunicarse mediante tecnología electrónica. Se transmiten los encuentros, con consignas diversas según el reclamo: en su mayoría son de clase media,  que por primera vez aparece tan manifiestamente en la vida ciudadana, con significativa importancia cultural, social y económica, adquirida especialmente en esta época de la globalización. La mayor problemática es la carga impositiva, la precariedad del empleo, sobre todo en los más jóvenes, la educación, la atención de la salud y la corrupción en la policía y la justicia, la imposibilidad de ahorro y la incertidumbre en el futuro, fueron los factores que los movilizaron, y son, fundamentalmente, los que distingue esta época de la del siglo anterior. Mientras en el siglo XX fueron las grandes movilizaciones tras un caudillo, un poderoso partido político o una ideología mesiánica, hoy es el inconformismo rompiendo la quietud  de una comunidad adormecida por el consumismo y envuelta en una lucha por la hegemonía del poder desatada por corporaciones políticas, en su mayoría ignorantes de la problemática mundial y por ende de la nacional, cuyo único objetivo es la acumulación de poder. Esto nos introduce en una atmósfera social marcada por enfrentamientos que tienen la necesidad de separar todo entre amigos y enemigos, pretendiendo imponer el choque entre el bien absoluto y el mal absoluto, desaparecidas las ideologías totalitarias del siglo pasado, continúan hoy permaneciendo los fanatismos maniqueos.

Cuando la política se ha presentado como salida mesiánica, purificadora, redentora y liberadora, como resultado nos ha dado ideologías y gobiernos totalitarios que en cambio del paraíso prometido construyeron un infierno.  

Los reclamos son muy parecidos en todas partes: libertad, justicia, honestidad, bien común, poner freno a la corrupción y este es el resultado del descrédito de los partidos políticos e instituciones sociales y profesionales, pero ¡cual es el origen de este fastidio social ¿buscar el orden social perfecto?, seguramente no, pues la perfección no es propia de los hombres, sino el compromiso, como dijo el Papa Francisco ´por una mayor justicia social, por un sistema económico que se ponga al servicio del ser humano y en ventaja del bien común´. Y además nos recuerda el Papa ´el dar voz al grito de los pobres para que no sean abandonados a la ley de una economía que parece a veces considerar al ser humano sólo como un consumidor” Hoy se exigen dirigentes que comprendan los signos de los tiempos y el papel de cada pueblo en el concierto de naciones, que comprendan que el deseo de felicidad o de bien absoluto que colma el corazón humano, es un deseo infinito que la política debe servir pero que no puede saciar, pero solamente puede servir respetando la libertad como el bien  más preciado del hombre, destruyendo el mito del “estado paraíso” y de la sociedad relativista, “sin certezas”, poniendo el realismo de la razón y el bien común. La única y gran decisión de los líderes y gobernantes de nuestro tiempo solo estriba en adaptarse o no a una realidad global que no pueden controlar, y que tiene sus propias leyes. Todo lo demás, los resultados de sus políticas, la marcha del país y de las empresas, el progreso o empobrecimiento de la sociedad, depende de esa decisión.

“Tenemos que involucrarnos en la política porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común” (Papa Francisco) Nuestro cometido consiste en proponer de nuevo, en el contexto internacional actual, la persona y la dignidad humana no como un simple reclamo, sino más bien como los pilares sobre los cuales construir reglas compartidas y estructuras que, superando el pragmatismo o el mero dato técnico, sean capaces de eliminar las divisiones y colmar las diferencias existentes.

La situación que está viviendo occidente, aunque directamente relacionada con factores financieros y económicos, es también consecuencia de una crisis de convicciones y valores, incluidos los que son el fundamento de la vida internacional. Pero esta mirada de la vida política, necesita también una renovación metodológica, que permita al político ser libre en las decisiones a tomar y para esto debemos replantearnos la relación con la realidad y, fundamentalmente, donde depositamos nuestra confianza. En la planificación que realizamos para llegar a nuestro objetivo, considerando los costos millonarios de las campañas y las fuentes de financiación posibles: a saber compromisos de otorgamiento de obras públicas a los “generosos aportante” o peor aún otras fuentes de ingresos que acarrea compromisos con capitales no muy legítimos. Si pensamos que el dinero es la única posibilidad de llegar al poder quedamos presos de los poderosos y jaqueados por ellos, similar a la figura evangélica de postrarse ante un ídolo para tener el poder del mundo. Dice Francisco: “Por eso, la idolatría es siempre poli­teísta, ir sin meta alguna de un señor a otro. La idolatría no presenta un camino, sino una multi­tud de senderos, que no llevan a ninguna parte, y forman más bien un laberinto… el camino luminoso del encuentro en­tre Dios y los hombres, es la historia de la salvación”.

Lo contrario a los ídolos es la verdad y la verdad siempre se manifiesta en el amor, por lo tanto no se impone con violencia y tiene como resultado la libertad, por eso de la Verdad nace la justicia el derecho y la paz y nos moviliza en la búsqueda de modelos de desarrollo que consideren la creación como un don y no se basen en la utilidad y la instrumentación, transformándose en la base de un gobierno que esté al servicio del bien común y ofrezca la posibilidad del perdón para superar los conflictos.

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